El próximo ajuste al horario de invierno revive una discusión que lleva años en el ámbito científico y político.
Aunque muchos ven este cambio como una simple modificación en los relojes, los especialistas alertan sobre sus consecuencias en la salud.
«Nuestro cuerpo funciona de manera óptima con el horario de invierno de forma permanente», indica Luis Larrondo, biólogo celular e investigador de ritmos circadianos de la Universidad Católica, lo explica sin rodeos.
¿Cómo afecta el cambio horario a nuestro organismo y qué ocurre con el horario de invierno?
Las investigaciones confirman que alterar el reloj dos veces al año impacta directamente en nuestro ciclo interno. E
l horario de verano, implementado en septiembre, es especialmente perjudicial, ya que fuerza al organismo a despertar antes de lo natural. Datos de estudios globales revelan que, en la primera semana tras este cambio, se incrementa en un 24% el riesgo de infartos, además de elevarse los accidentes de tránsito y disminuir el rendimiento mental.
Los más afectados: jóvenes y «noctámbulos»
Quienes más sufren las consecuencias son los jóvenes y las personas con un cronotipo vespertino (conocidos como «búhos»).
Su tendencia natural a dormir y despertar tarde hace que les cueste más adaptarse, generándoles alteraciones del sueño que pueden durar semanas. Aunque medidas como exponerse a la luz solar matutina y reducir el uso de pantallas antes de dormir pueden ayudar, los científicos advierten que son soluciones temporales.
Un tema pendiente en la agenda legislativa
A pesar del amplio respaldo científico a favor de un horario fijo, las propuestas para eliminar el cambio bianual llevan años estancadas.
«Mientras esta política siga vigente, la población seguirá enfrentando efectos negativos en su salud y productividad», sostiene Larrondo.
La recomendación de los expertos es contundente: adoptar de manera definitiva el horario de invierno (GMT-4), ya que se alinea mejor con nuestros ritmos biológicos y la luz natural disponible.

