En apenas dos años la inteligencia artificial dejó de ser una novedad y se convirtió rápidamente en una de las herramientas más utilizadas por los seres humanos a nivel mundial. Actualmente se utiliza para estudiar, escribir, programar, trabajar e incluso en algunos casos para gestionar emociones con chatbots o tomar decisiones cotidianas con sugerencia de una IA sin importar las consecuencias.
La irrupción de aplicaciones como ChatGPT, Gemini o Copilot no transformó solamente la manera en que el ser humano aprende en la actualidad, también podría estar erosionando habilidades básicas, desplazando procesos de pensamiento y generando una dependencia silenciosa. Teniendo en cuenta la gran relevancia que tiene la inteligencia artificial en la sociedad, ¿hay una dependencia emocional con esta nueva tecnología?
Sam Altman, CEO de Open AI reconoció que la IA atraviesa “sin dudas” una burbuja, aunque basada en “un núcleo real de innovación”. Mientras que Mark Zuckerberg, dueño de Meta ratificó que podría evitar un colapso profundo de su uso con una regulación.
¿Es saludable depender de la inteligencia artificial?
Marcela Tagua magíster en Procesos Educativos Mediados por Tecnologías y docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Mendoza, Argentina, señala la fragilidad que tiene que los seres humanos se apoyen a la inteligencia artificial, pero cree que en un futuro cercano dejará de ser gratuita generando una restricción de la misma, lo que podría generar un gran problema para empresas y para los usuarios.
«Esto traería consecuencias negativas, ya que muchas personas —estudiantes, trabajadores y público general— quedarían a la deriva con proyectos y trabajos a mitad de camino», afirma la especialista.
En ese sentido remarca que el problema central no es utilizar la IA, sino delegar todo el pensamiento en ella. «Una cosa es usarla como asistente, como cocreador ‘a ver, qué ideas me podés dar’ y otra es pedirle ‘armame todo un trabajo’ y yo quedarme de lado de forma pasiva y sin entender nada».
¿Redefinir lo humano o dependencia digital?
Ariel Benasayag, docente e investigador del Seminario de Informática y Sociedad en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo de Mendoza, Argentina y UNIPE (Universidad Pedagógica Nacional), define al uso constante de la IA como «dependencia tecnológica», ya que desde el aspecto de la tecnología, ésta no solo acompañan la vida del ser humano, sino que también la constituyen.
Somos los seres humanos del tren, de la electricidad, del smartphone. Y, en ese sentido, la pregunta no es si dependemos de la IA, sino en qué tipo de ser humano nos está constituyendo una tecnología como la inteligencia artificial: es una tecnología que, como todas, está transformando los modos en que entendemos nuestra propia humanidad”.
En ese sentido, los especialistas afirman que es necesario educarse con el uso de la inteligencia artificial con un fin, ya que pueden ser útiles, pero comentan que es necesario que haya una regulación de las mismas para que no haya una dependencia ya que está automatizando el pensamiento y en un futuro no muy lejano podría afectar socialmente a las sociedades.
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