Innovar dejó de ser un diferencial para convertirse en un factor clave de competitividad. Sin embargo, en Chile el principal desafío ya no es generar talento ni crear buenas ideas, sino lograr que los proyectos más disruptivos cuenten con el tiempo, financiamiento y acompañamiento necesarios para llegar al mercado y escalar a nivel global.Sin embargo, pese a lo que se piensa, la innovación no es un momento de inspiración, es un proceso de perseverancia. En el caso de Chile, el principal desafío que enfrentan las integradoras tecnológicas, no es la falta de talento, sino que lograr conectarlo con una visión de largo plazo.
“Muchas veces el ecosistema está preparado para financiar o apoyar mejoras incrementales, pero cuesta más acompañar proyectos que buscan crear soluciones completamente nuevas y cuyo impacto se verá varios años después. Innovar exige paciencia, colaboración y la capacidad de asumir riesgos de manera inteligente”, asegura Rodrigo González Fourcade, socio y co-fundador de Grupo Quanttum, https://quanttum.
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Chile ha avanzado significativamente en generar instrumentos de apoyo al emprendimiento y la innovación, gracias a la existencia de programas públicos, incubadoras, aceleradoras y distintas iniciativas que han permitido impulsar muchos proyectos.
“Sin embargo, aún existe una oportunidad importante para fortalecer el acompañamiento en las etapas más complejas: cuando una idea ya demostró su potencial, pero todavía necesita tiempo, validación y recursos para transformarse en una solución de alcance global. Ahí es donde muchas iniciativas valiosas encuentran sus mayores dificultades”, agrega el ejecutivo.
Innovar en Chile
La principal amenaza para la inspiración no son las dificultades externas, sino perder de vista el propósito que dio origen a una idea. En este sentido, cuando un proyecto nace únicamente para convertirse en un negocio, es fácil abandonarlo frente a las primeras dificultades. En cambio, cuando nace para resolver un problema real que afecta a las personas, la motivación cambia completamente.
“La inspiración es un instante; el propósito es lo que permite sostener años de trabajo cuando los resultados todavía no llegan”, comenta González.
Bien lo saben en Grupo Quanttum, reconocido a nivel mundial, gracias a la creación del simulador de vuelo Airbus A-320, el cual ha sido clave en la formación de miles de pilotos comerciales en todo el mundo, un revolucionario proyecto que fue certificado por la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y Airbus, y que fue el inicio para la creación y crecimiento orgánico que permitió ir sumando el equipo profesional para llegar a ser lo que el grupo es hoy.
En su experiencia, las negativas forman parte natural de cualquier proceso de innovación. “Nosotros aprendimos que un no, no necesariamente significa que una idea no tenga valor; muchas veces significa que aún no ha encontrado el momento adecuado o las personas capaces de visualizar su potencial. Cada rechazo nos obligó a mejorar el proyecto, a perfeccionar la ingeniería, a ser más rigurosos y más autocríticos”, recuerda el co-fundador de Grupo Quanttum.
Y, reflexiona, “mirando hacia atrás, entendemos que las dificultades no retrasaron el proyecto; contribuyeron a hacerlo mejor”.
Y como estrategia clave para lograr que una buena idea se concrete, es no enamorarse de la idea, sino del problema que se quiere resolver. Construir equipos con personas que piensen distinto. La innovación no nace cuando todos están de acuerdo, sino cuando diferentes miradas logran complementarse con un objetivo común. Finalmente, la perseverancia es indispensable, pero siempre acompañada de autocrítica. Persistir no significa repetir los mismos errores.
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