Día del profesor y el año marcado por las clases híbridas

Una pantalla de computador en lugar de una pizarra, la casa en vez del aula y compañeros vistos a través de una cámara. No hay duda de que la educación es uno de los ámbitos que más ha mutado desde el inicio de la pandemia dando paso a las clases híbridas.

Pero, como en los últimos meses la situación ha mejorado y muchas comunidades educativas han podido retornar gradualmente a la presencialidad, las clases virtuales han dado paso a las clases híbridas, donde una parte de los estudiantes asiste presencialmente y la otra sigue en directo la sesión desde sus hogares.

Clases híbridas: Modelo para mantener la seguridad en los estudiantes

Hace algunas semanas, Epson implementó tecnología de punta a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) para que 28 de sus salas pudiesen contar con las herramientas necesarias para impartir clases en modalidad híbrida. Esto, a través de los videoproyectores Brightlink, una tecnología que se está ocupando en distintos países de Europa, además de EE.UU., y que gracias a su integración con cámaras web, permite a los docentes dictar clases de forma óptima, tanto para los alumnos presenciales como para los que están en casa.

Con ello, se intenta rescatar lo mejor de la presencialidad para aquellos que están frente al profesor sin que los que siguen la clase a distancia se pierdan los matices de seguirla en vivo y en directo.

clases híbridas

En el marco del Día del Profesor, dos docentes que han podido vivir esta experiencia comentan cuán útil les ha sido esta herramienta, qué desafíos les impone y cómo ha cambiado la interacción entre académico y alumno, potenciando las clases híbridas.

Eduardo Baeza Guzmán, profesor de la Escuela de Ingeniería en Construcción y Transporte, quien si bien reconoce que no ha sido fácil acostumbrarse a la falta de contacto físico, asegura que el emplear estos dispositivos le ha sido muy útil y un gran apoyo para su labor.

“En mis clases online, ya utilizaba una pizarra digital, y este videoproyector se ha convertido en una herramienta similar, pero a una escala mayor, muy útil y que permite interactuar eficazmente tanto con los estudiantes que están en sala, como con los que se encuentran en casa frente a sus computadoras”, sostiene el profesor de la PUCV.

El académico destaca, en particular, tres funcionalidades de estos videoproyectores: “La primera, la rápida interacción con la computadora de la sala por medio de la red universitaria, esto ha sido fantástico, la pizarra ‘normal’ de la sala se transforma en una pizarra táctil, sin serlo. La segunda funcionalidad es la capacidad de anotación con lápiz especial, incluso solo con la mano, muy sensible y anda muy bien, y los estudiantes han mostrado una buena acogida. La tercera es que casi no necesitas acercarte al teclado, ya que puedes acceder sin problemas a las funcionalidades de la computadora desde la misma proyección, funciona con ratón incorporado”.

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Cambiando el sentido de la educación

En tanto, Juan Ignacio Pinto, académico de la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la PUCV, considera que esta forma de dictar clases “ha sido una experiencia agradable, incluso tengo el problema de que hago clases híbridas en una sala en el último piso de la facultad que da al mar en un horario que llega el sol. Aun así, el proyector no me ha generado problemas y tanto estudiantes en sala como en clases pueden ver”.

Pinto comenta, además, que “cuando se iniciaron las clases híbridas, fue una especie de encuentro de estos dos mundos, ya que uno debe mantener la misma dinámica que se acostumbró en casa, pero llevarla al aula, uno casi se vuelve un streamer con todos los elementos que debe manipular (cámaras con muchos ángulos para las clases, por ejemplo) y fijarse (como todas las pantallas para atender a gente en línea)”.

Sobre los desafíos que le entrega la tecnología híbrida, Pinto apunta a “la filosofía que uno debe tener al momento de realizar las clases”. “Las nuevas generaciones de estudiantes se criaron con tecnología a su alrededor, por lo tanto, realizar dinámicas o planificar clases para poder captar su atención y motivarlos a estudiar, ha sido el mayor desafío”, declara.

Baeza, por su lado, opina que el principal reto es “lograr tener sesiones de evaluación de contenidos en formato híbrido. Creo que, en ese aspecto, se pone a prueba no solo los docentes, sino al sistema completo; ¿de qué manera, con la tecnología que poseo, puedo planificar y ejecutar una sesión híbrida evaluativa de contenidos? Hasta el momento, sabemos evaluar en forma presencial, y ya estamos más acostumbrados a un formato 100% online, sin embargo, las clases híbridas nos exige diseñar de otra manera estas instancias y sus instrumentos”.

De todas formas, el académico remarca que “la tecnología nos juega a favor, nos facilita y disminuye al máximo posible la brecha espacial de la virtualidad, pero ante la pregunta ¿qué podría mejorar? Creo que la predisposición del estudiante. Lograr que enciendan sus cámaras es un tremendo desafío. La pandemia nos distanció, pero tenemos que hacer lo posible porque ese alejamiento sea sólo físico”.

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