La biometría se ha consolidado como una de las tecnologías más sofisticadas de los últimos años. Está presente en el desbloqueo de nuestros teléfonos, en controles de acceso y en servicios de salud, por mencionar algunos ejemplos. De manera silenciosa, pero sostenida, comienza también a cruzar una nueva frontera: el mundo de los pagos digitales. Así, el rostro o la palma de la mano se transforman en llaves para autorizar transacciones, redefiniendo la forma en cómo pagamos.
A nivel internacional, la biometría está dejando de ser un concepto experimental para convertirse en un estándar emergente en los mercados más desarrollados. Las proyecciones globales anticipan un crecimiento exponencial hacia 2030, con un mercado de miles de millones de dólares y tasas de expansión anual que van desde el 28% hasta el 75%, según distintos análisis de Grand View Research. En Latinoamérica, países como Brasil y México ya están impulsando pilotos bancarios y regulatorios, especialmente en tarjetas biométricas.
Los pagos biométricos son una tendencia de la cual Chile no puede quedar al margen. La experiencia internacional ha demostrado que su incorporación contribuye a robustecer los mecanismos de autenticación, hacer frente a nuevas formas de fraude y simplificar el proceso de compra, al eliminar la dependencia de contraseñas o códigos fáciles de vulnerar.
Biometría y la realidad de pagos en Chile

Si bien la adopción de esta tecnología en Chile aún se encuentra en una etapa temprana, el país presenta condiciones particularmente favorables para su desarrollo, impulsadas por el dinamismo de su ecosistema de pagos y la alta penetración de medios digitales. Con más de 374 transacciones electrónicas por persona al año y una reducción sostenida del uso de efectivo, Chile avanza hacia un entorno donde la seguridad y la eficiencia adquieren un rol cada vez más central.
La biometría no es una tecnología desconocida para los chilenos. Desde hace más de una década se utiliza en sectores como la salud y la banca, en procesos de acceso, validación de identidad y operaciones financieras. Esta familiaridad ha generado mayores niveles de confianza y facilita su adopción en nuevos ámbitos, como los pagos electrónicos.
Para acelerar la adopción de la biometría en los pagos digitales, la industria debe avanzar decididamente en estándares claros de resguardo de datos, junto con un diseño verdaderamente centrado en el usuario. Esto implica asegurar que la información biométrica no se almacene ni se utilice de forma indebida, que los procesos de autenticación sean transparentes y que las personas comprendan cómo y para qué se utilizan sus datos.
La biometría ya no es una promesa futura, sino una evolución natural del sistema de pagos en un mundo cada vez más digital. El desafío para Chile no radica solo en adoptar esta tecnología, sino en hacerlo de manera responsable, equilibrando innovación, seguridad y confianza. Bien implementada, la biometría puede transformarse en una herramienta clave para fortalecer el ecosistema de pagos, mejorar la experiencia de compra y acompañar el crecimiento del comercio digital en los próximos años.

Columna redactada por Raúl Sapunar, gerente general de Klap. Conoce más artículos de opinión en Zoom Tecnológico.
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