La inteligencia artificial agéntica está marcando una nueva etapa en la evolución del fraude financiero ahora con la inteligencia autónoma.
A diferencia de las herramientas tradicionales, los agentes pueden operar de manera autónoma, tomar decisiones, adaptar sus tácticas y ejecutar múltiples acciones simultáneas para maximizar la efectividad de un ataque.
Según el estudio de BioCatch «El Futuro de la confianza digital», el 89% de los líderes bancarios de América Latina afirma que sus instituciones ya han enfrentado ataques que utilizan IA agéntica, el porcentaje más alto entre las regiones analizadas y muy por encima del 80% global.
«La IA está generando una transformación de doble filo. Mientras permite mejorar la experiencia del cliente y automatizar procesos, también proporciona a los criminales nuevas herramientas para perfeccionar estafas, suplantaciones de identidad y fraudes cada vez más complejos, mediante la inteligencia autónoma», señaló Josué Martínez, Global Advisor de BioCatch para Latam.

Ataques de inteligencia autónoma: Más sofisticado, más rápido y a escala
Los riesgos que más preocupan a las instituciones financieras son, según la encuesta, la sofisticación y adaptabilidad de las tácticas de fraude (43%), la velocidad y eficiencia de los ataques (43%) y su escala y automatización (34%).
El escenario que genera más alarma es la suplantación de identidad automatizada: un agente malicioso puede analizar información pública, identificar posibles víctimas, crear perfiles falsos personalizados y adaptar su estrategia según los resultados que obtiene mediante una inteligencia autónoma.
La diferencia con el fraude tradicional es de naturaleza, no solo de grado. Un atacante humano debe ejecutar cada interacción manualmente; un agente de IA puede sostener decenas de conversaciones simultáneas y modificar su comportamiento en tiempo real,colándose bajo los controles tradicionales basados en reglas fijas.
El mercado que explica la avalancha
El crecimiento esperado de esta tecnología explica por qué la preocupación bancaria es estructural. Según Precedence Research, el mercado global de agentes de IA alcanzó US$7.920 millones en 2025 y se prevé que crezca desde los US$11.550 millones en 2026 hasta aproximadamente US$294.660 millones en 2035.
La misma capacidad que las empresas adoptan para atender clientes y automatizar procesos está disponible para quien quiera usarla para delinquir, con una barrera técnica que baja cada trimestre.
La respuesta: inteligencia conductual
Ante este escenario, las instituciones financieras están virando hacia la inteligencia conductual: tecnologías que analizan el comportamiento del usuario en tiempo real, la forma de escribir, el ritmo del mouse, los patrones de navegación y de transacción, para distinguir al titular legítimo de quien suplanta su identidad. La lógica es simple: un agente malicioso puede robar una contraseña, pero imitar la conducta digital de una persona resulta mucho más difícil.
Hoy, la mayoría de los sistemas antifraude evalúa los datos de la transacción: monto, horario, dispositivo, destino del dinero. La detección conductual suma una capa de contexto humano continua, que opera durante toda la sesión y no solo en el momento del pago, y que puede detectar coerciones y estafas de ingeniería social en curso, el escenario donde la IA agéntica es más peligrosa porque ahora aplican ataques de inteligencia autónoma.
El contexto chileno en esta batalla de la IA Agéntica vs inteligencia autónoma
Para el sistema financiero chileno, el alerta llega en plena discusión sobre el fraude digital: el país atraviesa un auge histórico de pagos digitales, los montos defraudados en el primer semestre de 2026 ya explican cerca de US$98 millones según el Banco Central, y la regulación de fraudes con medios de pago sigue en trámite. La investigación regional sugiere que los bancos chilenos no serán espectadores del fenómeno: la exposición de LATAM a estos ataques es la más alta del mundo.
La batalla que se viene ya no es contra virus ni contra estafadores aislados: es contra sistemas que aprenden. La pregunta que quedará flotando hasta que la industria responda es quién aprende más rápido, si los controles de los bancos o los agentes de los delincuentes.
El informe de BioCatch es la otra cara de la misma moneda que venimos publicando: por cada nota sobre la IA que mejora la experiencia bancaria existe una sobre la IA que la ataca. Con el 89% de la banca regional ya bajo asedio de agentes autónomos, la conclusión práctica es que la seguridad debería evaluarse en tiempo de respuesta y adaptabilidad, no en reglas estáticas. Y para los usuarios, el consejo es el de siempre pero ahora con más urgencia: desconfíe de urgencias, porque los ataques cada vez son más pacientes y simultáneos.
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