Recuperar los sistemas ya no garantiza el fin de un ataque de ransomware. Esa es la principal conclusión del segundo Reporte de Ciberseguridad de Gtd, elaborado por Secure Soft, su Centro de Excelencia en Ciberseguridad, que analizó cómo han evolucionado estos ataques y su impacto en la continuidad operacional de las empresas chilenas y latinoamericanas.
El estudio, basado en el análisis de más de 6.000 incidentes asociados a 187 grupos criminales, revela que el ransomware dejó de limitarse al secuestro de información para transformarse en un modelo de extorsión que combina la paralización de operaciones, el robo de datos y la amenaza de divulgarlos. El informe completo está disponible para descarga en el sitio de Gtd.
Ransomware: De secuestro de datos a extorsión múltiple
La lógica criminal cambió. Antes, el objetivo central era cifrar la información de la víctima y cobrar por la llave de descifrado. Hoy, con la llamada doble y triple extorsión, los grupos criminales cifran los sistemas, exfiltran la información sensible y amenazan con publicarla si la organización no paga, incluso cuando las operaciones ya fueron restablecidas. Esto significa que la recuperación técnica no cierra el incidente: la presión sobre la empresa puede mantenerse durante semanas o meses mediante los datos robados.
Para las organizaciones, la consecuencia es directa: la continuidad operacional deja de depender solo de la calidad de las copias de seguridad. También exige protocolos para gestionar la eventual filtración de información de clientes, proveedores y empleados, un escenario donde el daño reputacional puede superar al técnico.

Chile en el mapa regional del ransomware
Entre enero y agosto de 2026, Chile registró 33 organizaciones afectadas por ransomware, posicionándose en el cuarto lugar de América Latina, según los registros de CronUp citados por el informe, detrás de Brasil (158), México (98) y Argentina (56). El dato confirma que el país mantiene una presencia sostenida en los mapas de los grupos criminales, algo consistente con su nivel de digitalización y con la concentración de industrias intensivas en datos.
Los sectores más expuestos, según el reporte, incluyen minería, telecomunicaciones, energía, transporte y salud: industrias críticas donde la paralización de operaciones genera efectos inmediatos sobre terceros y donde el incentivo por pagar el rescate es mayor, justo lo que buscan los atacantes. Este escenario enlaza con lo que ya mostraba nuestra cobertura sobre el costo oculto de los ciberataques en las empresas chilenas.
La inteligencia artificial al servicio de los atacantes
El informe advierte sobre el uso creciente de inteligencia artificial para sofisticar los ataques: correos de phishing redactados a medida, suplantación de voces de ejecutivos y automatización de tareas que antes requerían horas de trabajo manual. La misma tecnología que las empresas adoptan para ser más productivas está disponible para los grupos criminales, y la asimetría beneficia al atacante: una sola víctima desprevenida basta para abrir la puerta.
A este escenario se suma el auge de la IA agéntica, que multiplica la superficie de ataque cuando los agentes acceden a sistemas internos con credenciales amplias, un fenómeno que la banca latinoamericana ya está experimentando según nuestra nota sobre fraude bancario.
¿Qué pueden hacer las empresas frente al nuevo escenario?
Del análisis del reporte se desprenden líneas de acción concretas para organizaciones de cualquier tamaño: mantener copias de seguridad inmutables probadas regularmente; segmentar las redes para dificultar el movimiento lateral de los atacantes; aplicar parches sin demora en servidores expuestos; y preparar un plan de respuesta a incidentes que incluya no solo la recuperación técnica, sino también la gestión de la filtración de datos y la comunicación con clientes y autoridades.
La ciberseguridad desde el diseño que ya destacamos en otra cobertura vuelve a aparecer como el estándar mínimo: cada servicio nuevo o sistema conectado debe incorporar el análisis de riesgo desde su concepción y no como parche posterior.
El reporte de Gtd y Secure Soft confirma una tendencia que ya es innegable: el ransomware dejó de ser un problema de archivos cifrados para convertirse en la toma de rehenes digital de toda una operación. En Chile, con 33 organizaciones golpeadas en un año y sectores críticos en la mira, la pregunta ya no es si una empresa será atacada, sino cuándo y con qué preparación recibirá el golpe. Quienes siguen viendo la ciberseguridad como un gasto encuentran en este informe la cuenta exacta de lo que cuesta no tratarla como inversión.
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